¿Te gusta la naturaleza? No te pierdas este relato compartiendo la experiencia única de hacer trekking hasta el amanecer en plena Ilha Grande para llegar a ver salir el sol a 1000 metros de altura.  

Virginia Belmonte, integrante de nuestro Departamento de Operaciones, viajó a Ilha Grande, Brasil donde tuvo la oportunidad de realizar una experiencia inolvidable que la llevó a ver el amanecer a 1000 metros de altura. Te proponemos disfrutar de la mano de su relato estos momentos emocionantes.

Ilha Grande me cautivó desde el instante en que desembarcamos en su muelle. No sabría decir si fueron sus playas -el paraíso de Lopes Mendes-, su historia o su gente. O tal vez el ritmo relajado que se respira en este territorio libre de autos y avenidas, donde el único tránsito apurado en esta época es el de los cangrejos que bajan al atardecer desde todos los rincones de la isla para llegar al mar. En este increíble lugar tuve la experiencia más impactante de todo mi viaje: el ascenso nocturno al Pico do Papagaio.

La aventura comenzó alrededor de la 1.40 am. Se recomienda estar bien descansado, no tomar alcohol y cenar bien pero liviano. El equipo se compone de zapatillas deportivas, ropa cómoda, repelente y, en la mochila, mucha agua y algo para comer. Con el corazón ansioso y las mochilas listas nos reunimos con el resto del grupo. En esta ocasión éramos todos argentinos, aunque los guías nos comentaron que es poco común que eso suceda, teniendo en cuenta la cantidad de turistas norteamericanos y europeos que arriban a la isla habitualmente. Cada uno de nosotros tomó un bastón de caña, una pequeña luz para guiar nuestros pasos y partimos.

Lo primero que sentimos fue el silencio y la oscuridad al alejarnos de la costa de Abraão. A los pocos minutos de marcha nos detuvimos para apreciar la infinidad de un cielo totalmente estrellado, sentir el aroma fresco de la vegetación y concentrarnos en lo que se venía: nos estábamos adentrando en el sendero. Teníamos tres horas de caminata por delante, en una trilha que no es imposible pero que nos ponía a prueba constantemente hasta que lográramos llegar a la cima del Pico do Papagaio, a 980 metros sobre el nivel del mar.

Atravesamos algunos trayectos muy duros, con bastante pendiente y donde la ayuda del bastón resultaba imprescindible. Cuidábamos cada pisada porque nos habían anticipado que podíamos encontrarnos con serpientes o arañas, pero manteniendo siempre el ritmo para llegar a la cima a tiempo para ver el amanecer. Nuestra vista poco a poco se adaptaba a la oscuridad y veíamos algunos animales pequeños huyendo ágilmente de cualquier cámara de fotos. También se escuchaban cada vez con mayor intensidad los aullidos de los monos que habitan en el pico. El suelo rocoso, en buena parte cubierto de barro, nos provocaba algún que otro resbalón. Por momentos caminábamos por un sendero despejado, luego vendrían otros tramos cubiertos de vegetación y lianas colgando sobre nuestras cabezas.

Luego de un buen rato de marcha el cansancio se empezó a sentir. La mochila pesaba y el calor agobiaba. El guía nos iba anunciando los porcentajes del sendero que nos quedaban por delante para que administráramos nuestras energías, bajo la promesa de que pronto llegaríamos a un buen lugar para descansar unos minutos. A lo lejos, se oía el sonido de la caída del agua de una cascada, posta más que esperada para recuperar el aliento. Un verdadero oasis para las piernas agotadas.

Seguimos rumbo y ya nos encontrábamos muy cerca. Dejamos los bastones porque ahora nos tocaba trepar por una soga una ladera casi totalmente vertical. Con las manos y rodillas llenas de barro, sólo una idea me daba vueltas en la cabeza: “No puedo creer que estoy acá”.

Llegamos a la cima. Aún no salía el sol pero el cielo empezaba a verse más claro. Miré alrededor y vi las nubes pasar varios metros debajo. Nos fuimos acomodando en las rocas para hidratarnos, comer algo y preparar las cámaras para el espectáculo que estábamos a punto de presenciar.

¡Gracias Carolina Birolo, compañera de viaje de Virginia y una de nuestras Asesoras de Venta por las imágenes! 

Contemplar el amanecer a casi 1000 metros de altura era todo lo que prometieron y más. Por si la escena no fuera romántica, supimos luego que una de las chicas del grupo y el guía se enamoraron, y ahora ella se mudó a la isla para estar con él.

Ya de día, volvimos sobre nuestros pasos para apreciar el paisaje que ahora se nos revelaba a la luz del sol. Teníamos otras tres horas de caminata para llegar a Abraão alrededor de las 9. La mochila regresaba liviana, pero me llevaba la mente repleta de imágenes, aromas y sonidos que van a quedarse conmigo por siempre.

Ilha Grande es definitivamente un lugar al que quiero volver.

Tips para subir al Pico:

  • Siempre hacerlo acompañado por un guía local, respetando el sendero y las especies que en él habitan.
  • Llevar al menos dos litros de agua por persona, algún snack saludable y repelente de insectos.
  • Planificar actividades de baja intensidad para el día anterior y siguiente.
  • Tener en cuenta que, como toda actividad en la naturaleza, no hay dos experiencias iguales y todo va a estar sujeto a las condiciones climáticas y la época del año en que se realice.

3 Comentarios

  1. Una maravilla sin dudas!!!!

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