En esta oportunidad, Victoria Ambres, Asesora de Ventas de Pezzati Viajes, nos comparte su experiencia de vuelo en helicóptero sobre Barcelona, una hermosísima urbe donde la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad muchas de sus construcciones. ¡No te lo pierdas!

Capital de Cataluña, Barcelona amalgama restos romanos, barrios medievales y las vanguardias del siglo XX. Imaginate ver desde el cielo las edificaciones más emblemáticas de los arquitectos Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner.

Un obsequio especial

Con motivo del cumpleaños de mi pareja durante nuestro viaje a Europa tenía la intención de regalarle algo diferente. Para la fecha estaríamos en Barcelona así que me pareció que podría ser algo relacionado a nuestra estancia en la ciudad. Evalué varias alternativas: cenas, excursiones y entradas a varios lugares, hasta que di con una propuesta interesante, diferente y accesible.

El regalo que elegí fue un vuelo en helicóptero sobre los sitios más emblemáticos: Sagrada Familia, Torre Agbar, Avenida Diagonal, Camp Nou y Montjuic.

Preparándonos para volar

Realicé la reserva a través de nuestro operador en destino, que de hecho es el único que opera en el Helipuerto de Barcelona. La duración del vuelo es de unos 10-12 minutos y el tamaño del helicóptero puede variar. Va desde 4 pasajeros (3 clientes + capitán) a 6 pasajeros (5 clientes + capitán).

Hay que llevar la documentación personal como en cualquier vuelo, apagar los aparatos electrónicos al subir, pasar por el control de seguridad y colocarse un protector auditivo a bordo.

Una vez que atravesamos el control nos dieron las instrucciones básicas de seguridad, esperamos a que se encendiera el motor y recién ahí  procedimos a abordar, siempre acompañados por el personal de seguridad.

Barcelona desde el aire

Al momento de despegar, el equipo se levanta muy rápidamente en forma vertical y comienza el recorrido aéreo. Como nos tocó un helicóptero pequeño la visual era perfecta, tanto desde las ventanas laterales como desde el frente. Y si bien el ruido del motor sonaba fuerte, incluso sin los protectores, no era ensordecedor.

A diferencia de un avión donde el movimiento se siente lento, el helicóptero es muy liviano y pequeño por lo que los movimientos son ágiles e incluso, al momento de doblar, se llega a estar prácticamente en posición horizontal con respecto al suelo.

Disfrutamos la vista desde lo alto, bellísima y  lo suficientemente elevada como para ver Barcelona desde otra perspectiva, pero sin perder detalle de nada.

Finalmente el regalo de sobrevolar Barcelona desde el aire fue un éxito y una experiencia realmente recomendable para hacer en cualquier sitio (los vuelos en helicóptero están disponibles en la mayoría de las grandes ciudades), no solo por lo diferente, sino también por lo divertido y accesible para cualquiera que se anime.

¿Qué te pareció el regalo de Victoria? ¿Te animarías a volar en helicóptero? ¿Qué lugar elegirías?

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